PÁGINAS

domingo, 13 de septiembre de 2026

CUANDO MURIÓ LA ABUELA

 

          Cuando murió la abuela, mi madre lo sintió como un auténtico cataclismo en su vida. Desde la puerta de mi cuarto la veía quedarse parada mirando por la ventana de la cocina con los ojos perdidos, y después cruzar el salón arrastrando el paso como el que no quiere llegar a ninguna parte.

          Se había puesto la chaqueta de punto granate que siempre se colocaba la abuela cuando refrescaba, gastada y llena de bolitas. Decía que de esa manera podía sentir su abrazo, como si estuviera un poco más cerca de ella. Tenía obsesión por rodearse de todo lo que le había pertenecido alguna vez. Sacaba los pañuelitos, cuidadosamente guardados entre tabletas de jabón Heno de Pravia, con olor a lavanda y se lo anudaba al cuello por días. Besaba conmovida el cartón amarillo donde estaba reflejado su rostro sin movimiento y llenaba la mesa de cartas escritas a mano que no enviaba a ninguna parte. Iba con frecuencia al cementerio para pasar las horas muertas hablando a una lápida fría y llevarle flores hermosas que se marchitaban a los dos días.

          Necesitaba llenar ese inmenso vacío que había quedado tras la muerte. Se apoyaba en esos pequeños gestos físicos. Como un bastón le ayudaron a seguir caminando sin su madre. Sin ellos hubiera caído rota de dolor.

          Hoy se cumplen varias décadas sin la abuela. Ella no me ha dicho nada pero sé que lo ha recordado todo el día. La he visto salir al jardín y detenerse serena junto a las hortensias que cuidaba la abuela. Ha mirado al cielo esbozando una sonrisa.

          Ya no necesita visitar el cementerio cada tarde ni llevar flores el día de Todos los Santos ─ aunque lo siga haciendo por costumbre─ Ya no se pone su ropa ni escribe cartas para dejarlas olvidadas en un cajón. Ahora que ya ha transitado la mayor parte de su camino vital entiende que no será mucho lo que le quede por llegar a la meta, ha comprendido que no necesita nada de eso para sentir cerca a la abuela, porque lo más valioso es lo que se lleva dentro, donde nadie lo ve: en el corazón. Ahí es donde permanece impresa la huella que no se ha de borrar jamás.

          El cordón umbilical que las unió una vez no se ha roto nunca, simplemente se ha vuelto invisible. La luz de la abuela sigue iluminando sus pasos, como un guía sin descanso. Por eso cuando las cosas se ponen difíciles o hay algún motivo de alegría, la veo sonreír en silencio. Por eso, hoy también, a través del cristal, la he visto mirar al cielo mientras acariciaba una flor, porque sabe que la luz de aquella que la trajo al mundo, sigue iluminando su camino.




29 comentarios:

  1. Hermoso y sentido relato, Brurata, tenemos que pasar el tiempo de dolor para después darle lugar a los recuerdos y sonreir a veces, los seres queridos quedan cerca siempre, un abrazo!

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  2. Si, ese es el sentido que he querido darle.
    Muchas gracias por venir.
    Un abrazo grande, María Cristina

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  3. Brurata, como blogger ha detenido la lista de lectura, buscando a migos te encontré a ti y me detuve a leer la historia que nos dejas...Es tan real y tan cercana, que realmente emociona...El amor de una madre permanece por encima del tiempo y además creo que, la sincronía entre cielo y tierra es una realidad...Ellos siguen alentándonos y enviándonos su cariño...Tu madre así lo siente, amiga.
    Mi felicitación y mi abrazo entrañable por tu amor a las letras.

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    1. Muchas gracias , Mª Jesús, por tu comentario y por quedarte por aquí. La verdad es que siempre he pensado que el cordón umbilical que une a una madre con su hijo no desaparece nunca, ni con la muerte.
      Un abrazo y bienvenida

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  4. Brurata, qué relato tan emotivo. Has sabido contar la pérdida de la abuela desde la mirada de quien descubre que, aunque una persona se marche, continúa viviendo en los recuerdos, en las costumbres y en las pequeñas cosas que dejó sembradas. Me ha gustado especialmente esa mezcla de tristeza y ternura que recorre toda la historia, porque refleja muy bien cómo el amor sigue presente incluso después de la ausencia. Un texto lleno de sensibilidad y de humanidad.
    Un fuerte abrazo, Brurata.

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  5. Querido Enric, siempre he pensado que el amor es más poderoso que la muerte. Los recuerdos que dejamos al partir permanecen y es un alivio saber que nuestro paso por la vida deja sus huellas.
    Un abrazo

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  6. Todo un proceso de aceptación. Que unos viven con mayor o menor intensidad.
    El curso de la vida, personal, fluye siempre sereno.
    Abrazos, Rita.

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    1. El duelo lleva su proceso y al final siempre llega la calma.
      Un abrazo, Ernesto

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  7. Me da mucha ternura esa mujer. Pienso en lo que se puede seguir necesitando a una madre incluso cuando ya se es mayor, en las ganas de poder contarle algo y saber qué diría. Me alegra que con los años pueda recordarla sin sufrir como al principio. Da pena pensar en todo lo que le ha costado llegar hasta ahí.

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    1. Si, creo que a una madre se la necesita siempre independientemente de los años que se tenga. Su recuerdo permanece, el duelo es inevitable pero al final todo se pone en su sitio.
      Gracias por tu visita, Angelo.

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  8. Una historia preciosa y muy tierna. Hay quien sufre mucho más que los demás tras la pérdida de un ser querido, sobre todo si es una madre o un padre. En este caso, tras varias décadas recordando a su madre de forma tangible, mediante objetos que le pertenecieron, ahora que se acerca su final le tranquiliza y le alegra pensar que pronto estará juntas.
    Un abrazo.

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    1. Ese es un consuelo, al final todos vamos a parar al mismo sitio. La edad te hace ver las cosas de otra manera.
      Un abrazo , Josep

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  9. La vida tiene momentos tristes, en los que recordar es lo único que compensa. La mayoría de personas sentimos que nuestra cinta invisible con nuestros padres sigue ahí pero a veces creemos que se nos ha perdido. Nunca se pierde. Una madre es un tesoro que nunca perdemos, y menos cuando se recuerda. Un abrazo, P. Todos tus minirelatos son muy emotivos, lo que dice mucho de ti.

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  10. Muchas gracias , Blanca. Como dije una vez, siempre dejamos en lo que escribimos trozos de nosotros mismos. Y es verdad que a una madre nunca se la pierde. Siempre está en el recuerdo y en todo lo que hizo por nosotros.
    Un abrazo grande

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  11. Vuelvo a leerte y también siento a mi madre, que siempre está cerca, amiga...Gracias por tus letras.
    Mi abrazo entrañable y mi cariño.

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  12. A las madres siempre se las siente cerca, estén aquí o en otro lugar.
    Muchas gracias a tí por tus palabras., Mª Jesús

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  13. Que bellos sentimientos, no puedo estar mast de acuerdo con tus palabras.
    Cuando alguien tan querido se nos va nos llenamos de sus cosas, luego con el paso del tiempo,ese dolor lo transformamos en ese hilo invisible que está dentro de uno y siempre lo llevamos puesto.
    Muy muy hermoso tu escrito
    Gracias, Rita un besazo con cariño.

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    1. La verdad es que a los seres queridos siempre los llevamos dentro.
      Muchas gracias por tu comentario
      Un abrazo grande, Campirela

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  14. Conforme las el tiempo, más añoramos a esas personas tan amadas por nosotros.
    Qué bien has escrito está entrada, desde el corazón.
    Un fuerte abrazo.

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  15. Cierto es Sara, según pasan los años más nos acordamos de esas personas que se fueron. Vamos estando cada vez más cerca.
    Un abrazo grande

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  16. Hola Brurata, tu relato es tan real como la vida misma, yo perdi a mi madre muy joven y pasando los años que han pasado sigue doliendo esa herida, no como el primer dia pero si duele, como en tu relato, siempre he pensado y lo creo que desde donde esten nos han protejido siempre.

    Besos.

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  17. A mí me pasa igual. Mi madre hace muchos años que murió, pero la sigo teniendo presente todos los días.
    Un abrazo grande, Piruja

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  18. Hola amiga, realmente hace más o menos una semana que Blogger anda de vacaciones por no decir otras cosas. Muchas gracias por compartir siempre tus ideas. Ya que es como vivir el presente, pasado y lo que venga de la vida.
    Un abrazo y esperemos que Google tenga un poco de consideración.

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  19. Gracias por tu visita , Joaquín. No se qué está pasando con Blogger, espero que lo solucionen alguna vez.
    Un abrazo

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  20. Bien deja tu relato que el mejor recuerdo de un ser tan querido como la madre, se le termina recordando con el corazón. Un abrazo. Carlos

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  21. Cierto , Carlos. Muchas gracias por visitarme.
    Un abrazo

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