EL CAFÉ
DE DOÑA MACA
Diariamente a
las cinco de la tarde, en una pequeña vivienda del barrio del Buen Pastor, doña
Maca prepara su café. Saca el puchero de loza desportillado ─donde se acumulan
los posos de días y semanas─ añade unas cucharadas de grano molido, un poco de
agua y lo pone a hervir en la vieja cocina de gas. A los pocos minutos, el aroma dulzón a
caramelo y nuez se expande por todos los rincones de la casa, y entonces
empiezan a ocurrir cosas extraordinarias.
El canario se
pone a cantar a pleno pulmón, las flores marchitas del jarrón rejuvenecen y el
cojín de color verde sucio se llena de tonalidades vibrantes.
El intenso
olor se escapa después por debajo de la puerta y se extiende por todo el
edificio. Cuando llega al 1º A , el señor Mariano ─que siempre está leyendo el
periódico con cara seria─ recuerda que una vez fue joven, deja la lectura
apartada, va en busca de su mujer y se marca un buen pasodoble con ella.
Los efluvios
se filtran sin permiso en el 3ºB y llegan hasta la nariz de Rosita, la
enfermera que vive su vida en soledad. Al sentir el aroma corre al escritorio,
saca del cajón una carta inacabada que escribió a un antiguo amor y la termina,
con la firme decisión de hacerla llegar a su destinatario.
La fragancia
deliciosa, inquieta y atrevida, sube hasta la sexta planta, donde vive el
cascarrabias de don Fulgencio. Al colarse por el ojo de la cerradura, el hombre
siente un impulso repentino de sacar del trastero el telescopio lleno de polvo
para mirar las estrellas esa misma noche sin falta. Mientras tanto, la portera
del Bajo C canta bellas arias de ópera como si estuviera en los más
prestigiosos escenarios del mundo, a la vez que barre la puerta y recoge el
correo.
Todo el mundo parece estar hechizado.
Incluso los que pasan por la calle no pueden evitar, por un instante fugaz,
dejarse llevar por algún lejano recuerdo que les hace sonreír.
El éxtasis
permanece un rato, despertando sensaciones dormidas, acariciando viejos sueños
y recordando que lo que fuimos una vez siempre permanece en nosotros.
Cuando el olor
a café recién hecho desaparece, cada vecino vuelve a retomar lo que dejó
suspendido en el aire, pero con la esperanza de que mañana, a las cinco de la
tarde, doña Maca vuelva una vez más a transportarlos al paraíso.
Historias de Brurata Literata

Los milagros que hace el aroma del café, me encanta cuando llega desde otro departamento, y me gusta más su olor que tomarlo! Precioso relato Brurata!
ResponderEliminarA mí me pasa algo parecido. El café no me gusta, pero el olor...es delicioso.
EliminarUn abrazo, María Cristina
Es un aroma tan intenso y delicioso que llena de entusiasmo a todos los protagonistas de tu relato.
ResponderEliminarUn abrazo.
Pues si, el café solo con olerlo alimenta.
EliminarBesos, Sara
Que delicia leer esta maravilla de cuento. Tienes la gracia que muchos quisiéramos de tejer estas felices historias que hicieron que me fuera a por café. Un abrazo, Brurata.
ResponderEliminarJa, Ja, si te ha hecho ir a por café es que el relato te ha gustado.
ResponderEliminarMuchas gracias, Gil.
Abrazos
Un café milagroso. Doña Maca debería pantentar la fórmula de preparación. Ella se haría rica y todos los demás felices, je, je.
ResponderEliminarUn cuento muy simpático con una historia muy bien hilvanada. Me ha encantado.
Un abrazo.
Si, doña Maca debía sacar beneficio del asunto. Celebro que te haya gustado.
ResponderEliminarUn abrazo, Josep
Un café mágico. No me gusta mucho el café, yo soy de té, pero desde luego su aroma rejuvenece. Y crea fantasías, como en tu minicuento. Un abrazo enorme, guapísima y un café delicioso para pasar una buena tarde.
ResponderEliminarLa verdad es que sí, tienes la gracias a montones, no es fácil crear cuentos cuando ya hay tantos inventados.
ResponderEliminarEste post lo he visto por casualidad.
Feliz tarde
Un abrazo
Muchas gracias, Carmen. Un abrazo
ResponderEliminarUn relato contado con naturalidad mágica. Protagonista, el café de doña Maca, capaz de trastornar la rutina positiva mente. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarHola Brurata, doña Maca tenia magia y se la pasaba al cafe y su aroma hacia todo lo que nos dices en tu precioso cuento, a mi me encanta el olor a cafe, siempre busco a ver si encuentro un ambientador con olor a cafe, algun dia lo encontrare:)
ResponderEliminarBesos.
No se actualiza tu blog en la lista de lectura, he pasado desde el blog de una amiga y veo que has actualizado de nuevo.
ResponderEliminarHola, Brurata.
ResponderEliminarMe gusta el café de doña Maca.
Un abrazo y feliz día.