PALABRAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN
─¡Rápido, rápido, aquí hay una!
Doña Margarita apuraba a los camilleros para que se dieran
prisa en llegar. Había encontrado otra palabra antigua, pisoteada y apunto de
desfallecer definitivamente. Los enfermeros corrieron de inmediato a colocarle
una mascarilla de oxígeno y meterla en la ambulancia rumbo al hospital.
La palabra “badila” se debatía entre la vida y la muerte. Ya
nadie la utilizaba desde que se inventaron las estufas y las modernas calderas
de gas natural.
En el hospital, las enfermeras de urgencias la lavaron, la
curaron las heridas y la colocaron en estado de reposo para su recuperación. En
aquella planta todas las habitaciones estaban ocupadas por palabras en peligro
de extinción, que habían corrido la misma suerte que “badila”.
─¡Ya no servimos nada!─ decía la palabra “almanaque”.
─Si no lo remedian terminaremos por desaparecer─ se lamentaba
“cantarera”.
─¡Pues no creáis que somos las únicas!─ añadían el vocablo “trébedes” a punto de desmayarse de viejo─ Los
objetos a los que damos nombre también están muriendo.
─¡Con lo que fuimos en otra época!─ lloriqueaba el término
“fuelle”─¿En qué casa no había una “alacena” o no se colocaba un “vasar”?
─¡Para lo que hemos quedado! Si no fuera por doña
Margarita…─suspiraban.
En efecto, doña Margarita, a quien muchos conocían como “la
erudita”, enamorada de los vocablos antiguos se había propuesto no dejarlos
morir en el olvido, y cada vez que encontraba uno lo recogía, lo recuperaba en
su hospital y después se lo llevaba a su casa y lo colocaba en una enorme
estantería con muchos otros.
Cuando la estantería se le quedó pequeña compró otra, y luego
otra…y así hasta llenarlo todo de palabras que nadie utilizaba salvo ella. Las
palabras se convirtieron en una obsesión y un quebradero de cabeza, pues el
espacio era limitado y en las estanterías ya no cabía un alfiler. Cuando ya
estuvo todo lleno, las metió entre las cortinas, en los tarros de cristal
adornando la cocina, entre las páginas de los libros, en el hueco de la
escalera…pero aún así la situación fue empeorando hasta hacerse insostenible, y
entonces decidió escribir una carta al alcalde para que le diera una solución.
Éste lo consideró una locura y la tachó de excéntrica. Pero la mujer no se
amilanó y siguió intentándolo en otros lugares: bibliotecas, archivos,
librerías…
─Esta pobre mujer ha perdido el juicio─ comentaban cuando se
marchaba.
Hasta que un día, buscando el último diccionario de la RAE se
topó con don Melquiades, un hombre de larga melena blanca y gafas de culo de
vaso, tan extravagante como ella, que seguía el rastro de los libros escritos a
mano de épocas pasadas. Tenía una tienda de antigüedades y en lugar de acumular
palabras, iba a la caza de objetos. Allí donde se enteraba que podía haber
alguno corría para atraparlo en su furgón de los años 60, llevarlo a su tienda,
y darle una segunda oportunidad.
A ambos les bastó cruzar un par de palabras para comprender
que estaban hechos el uno para el otro y la idea surgió con una fuerza
increíble: montaría un amplio museo en el que cada objeto aparecería con su
palabra al lado y su historia. Sabían que la mayoría ya no funcionaban, muchos
habían perdido definitivamente alguna pieza, sin embargo, en las vitrinas
lucían brillantes, como en sus mejores tiempos, al igual que las palabras que
les daban nombre.
El museo tuvo tanto éxito que recibía a diario miles de
visitas de todo el mundo, hasta salió en un programa de televisión y corrieron
ríos de tinta hablando de sus maravillas.
Doña Margarita y don Melquiades no podían estar más
satisfechos. Al fin las palabras y sus objetos estaban salvados del olvido. No
morirían y podrían permanecer en el recuerdo por siempre.

Una historia muy entretenida y valiosa, Brurata, y algunos de esos objetos andan en cajones por acá todavía, por ejemplo escucho viejos cassettes en aparatos demodee, un abrazo!
ResponderEliminarSi, todavía es frecuente ver algunos de ellos aunque dentro de unos años también desaparecerán lo mismo que las palabras. Feliz domingo. Un abrazo, María Cristina
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