PÁGINAS

domingo, 26 de julio de 2026

EL SEÑOR TOMÁS

 

          ¡Pobre Tomás! Ya no es el mismo desde que se quedó viudo. Profundas ojeras enmarcan su mirada apagada. Desde que se levanta hasta que se acuesta, un solo pensamiento ocupa su mente: la ausencia de su mujer, el único y gran amor de su vida.

          Por las mañanas intenta distraerse. Sale a por el pan, se da una vuelta por el barrio y recibe la visita de su hija, que le trae el almuerzo en una fiambrera. Pero las tardes son una auténtica tortura. Al colocar sobre la mesita aquel retrato de las últimas vacaciones, los recuerdos afloran hasta hacerlo sollozar. Ha tenido que cerrar el cuarto donde ella pasaba las horas cosiendo; todo permanece intacto, tal como ella lo dejó, no ha querido tocar nada,  pero es demasiado doloroso verlo.

          A la caída de la tarde, vuelve a salir. Baja al bar y toma un refresco mientras charla con algún vecino, pero la pena no se va. Y cuando vuelve a casa es aún peor, pues el sentimiento de soledad se agudiza: ya no hay nadie que le esté esperando.

          Sin embargo, hoy cuando ha vuelto de su paseo, no lo ha hecho solo. Un perrito negro, sucio y asustado caminaba a su lado. Tomás le ha llevado a la cocina y le ha puesto algo de comer en un recipiente de plástico. El animal ha comido con avidez y después le ha mirado agradecido. Luego se ha quedado dormido sobre la alfombra.

          Y esta noche, por primera vez en muchos meses, la casa no se ha sentido tan triste.  Tomás ha acariciado al nuevo inquilino y se ha ido a la cama con una sonrisa.  Su soledad, de pronto, se ha hecho un poco más pequeña.  

 

                      El viejo sillón de skay de la salita




domingo, 19 de julio de 2026

¿POR QUÉ EL SOL ES REDONDO?

 

          El otro día sorprendí al Sol mirándose en el espejo. Se observaba de frente, se daba la vuelta, se sentaba, se ponía de pie…Así estuvo un buen rato tan concentrado en su tarea que no me sintió llegar. Y yo, extrañada por esa actitud tan inusual en el Astro- Rey, le pregunté:

 

          ─¿Qué es lo que te ocurre?¿Por qué te miras y remiras tanto en el espejo?

 

          Él se sobresaltó al oír mi voz; no esperaba que hubiera nadie contemplándole. Se volvió rápido hacia mí y me dijo:

 

          ─No sé, parece que estoy engordando. ¡Mírame bien, Tierra, me estoy poniendo como una bola!

 

          ─Eso es porque te gusta mucho comer─ y añadí─ Pones tanta pasión en calentar que te comer todo lo que pillas. Lo mismo te dan los colores que el agua, o incluso, la madera. Te lo zampas todo y por eso estás tan redondo como un balón de fútbol.

 

          ─¡Ah, no me digas eso!─protestó, compungido y frunciendo el ceño a punto de llorar─ ¡Yo no quiero estar gordo!

 

          Se apartó, se sentó en la cama y se puso a sollozar desconsolado.

 

          ─¡Vamos, no te pongas así!─traté de animarle, pensando que había metido la pata.

 

          ─¡Me siento fatal!─se lamentó─ Nadie tiene esta figura. Fíjate en el planeta Venus, tan estilizado y tan guapo, o en la Luna: cuando está en cuarto creciente o menguante, parece una raja de sandía tan bonita y hermosa que todo el mundo la mira y le dedica poesías. A mí, en cambio, no pueden ni mirarme de frente porque les hago daño.

 

          ─Bueno, Sol, eso no es malo.

 

          ─¿Tú crees, Tierra?

 

          ─No solo lo creo, sino que lo afirmo. Verás─ le expliqué sentándome a su lado─ Si no fuera por ese brillo tan intenso que desprendes, yo, y algunos otros planetas también, estaríamos siempre a oscuras. Las plantas, por ejemplo, no podrían alimentarse y tampoco se formarían las nubes para regar los campos y dar de beber a los humanos. Todo lo que te parece tan bonito de la Tierra no tendría lugar, y yo sería un planeta gris y triste. Oscuro y muerto, como hay montones de ellos en el espacio. ¡Eso no lo puede hacer Venus, ni la Luna, ni el mismísimo Neptuno!

 

          ─Pero…entonces…los árboles, los campos, los animales…¿todo eso vive gracias a mí?

 

          ─¡Eso es! Sin ti la vida no sería posible, por eso necesitas estar lleno de energía vibrante.

 

          ─ No todos los astros pueden hacer lo que yo hago…─murmuró para sí reflexionando sobre nuestra conversación ─¡Es curioso, Tierra!─continuó en voz alta─ Si adelgazara ¿podría hacer todas esas cosas?

 

          ─Posiblemente no. Tienes que tener fuerza suficiente, aunque a veces esa fuerza se coma los colores o deteriore los objetos.

 

          ─¡Ya comprendo!─ y se levantó de la cama con un salto─ ¡Mi gordura tiene una razón de ser!

 

          ─¡En efecto! Y fíjate para todas las cosas buenas que sirve.

 

          ─¡Ya veo! ¿Pues sabes lo que te digo , Tierra? ¡Que ya no me importa estar como un tonel! Me veo hasta guapo. La Luna podrá presumir de su esbeltez y Venus de su belleza, que yo ahora puedo también sentirme orgulloso de tener el aspecto que tengo y de ser como soy.

 

          Y dicho esto, cogió el sombrero que tenía en la percha. Se lo colocó en la cabeza y salió sonriendo a dar su paseo diario por el cielo.




domingo, 12 de julio de 2026

EL LADRÓN CAZADO

 

          Había estado esperando ese momento desde la semana anterior, estudiando los lugares en los que se agolpaba la gente y los tipos de personas más descuidadas con sus efectos personales.

          Al entrar en el recinto, me entretuve fingiendo que miraba por aquí y por allá ; aunque, en realidad, lo que no perdía de vista eran las carteras y los bolsos. Actuaba con rapidez y limpieza. Mis dedos eran tan ágiles que los colegas del barrio me consideraban un maestro del oficio. Al rato de llegar, ya había birlado una cartera con ciento cincuenta euros, un móvil por el que me darían un pastizal y un par de tarjetas de crédito que pensaba utilizar al momento.

 

          Ya salía por la puerta cuando lo ví: un maletín muy guapo, de piel buena. Estaba en la parte trasera de uno de los puestos y no había nadie alrededor. Ignoraba su contenido, pero solo el exterior era suficientemente valioso. Tal vez estuviera lleno de joyas, dinero o alguna información importante por la que sacar pasta a lo bestia. El condenado parecía hacerme guiños, de modo que lo agarré con disimulo y caminé con naturalidad hasta la salida, con el corazón a mil, ansioso por ver qué contenía.

 Al fin me pude esconder en un callejón solitario y lo abrí. La sorpresa me           dejó paralizado: estaba vacío. Me dio tanta rabia que le propiné un puntapié, mandándolo al otro lado de la acera.

          ─¡Cuidado conmigo, que soy delicado!─ dijo una voz que salió de su interior.

          Pensé que habían sido imaginaciones mías.

          ─¡Sí, sí, a ti te digo! Soy el maletín que acabas de robar.

          La vista se me nubló de la impresión y el aire no me llegaba al pecho. Pensé en salir corriendo, pero al alejarme, el maldito se puso a gritar como un poseído.

          ─¡No me dejes aquí o gritaré todavía más fuerte!

          Ante sus amenazas, me detuve en seco y volví. Lo agarré fuerte con la idea de tirarlo en el primer contenedor de basura que encontrara, pero él, como si leyera mis pensamientos, empezó a gritar como un energúmeno:

          ─¡Socorro, socorro! ¡Este sinvergüenza me ha robado, es un ladrón!

          La gente se volvió a mirar y yo, con el miedo metido en el cuerpo no me atreví a hacer ninguna maniobra. Desesperado, pensé en quemarlo, pero al verme coger la cerilla, me advirtió con toda tranquilidad.

          ─¡Ni se te ocurra! Si lo intentas me pongo en contacto con la policía.

          Desistí al momento. Angustiado, me lo llevé a casa; allí, aislado del mundo, podría pensar mejor. Comprendí que debía ser alguna especie de robot interno o Inteligencia Artificial. El puñetero hablaba y hablaba sin parar. Me exigía tenerlo siempre a la vista, y pasé tres días encerrado sin salir por temor a que me descubrieran. Mi cabeza no tuvo un solo minuto de paz, hasta que la mañana del tercer día le dije:

          ─¡Hoy nos vamos a dar un paseo! ¡Ya estoy cansado de este encierro!

          ─¿Un paseo?─ Se sorprendió─ Está bien, pero si intentas algo, te crujo.

          Me mostré obediente y sumiso en todo lo que me pidió: que le pusiera al sol, luego a la sombra, que le diera crema para no resecarse…En ningún momento intenté hacer nada extraño, pero al pasar por el estanque, la idea me vino como un flash. No lo había pensado con anterioridad. Fue tan de repente que él no tuvo tiempo material para procesar mis movimientos ni mis emociones: de golpe lo arrojé al agua y con un palo lo hundí hasta el fondo, impidiendo que saliera a la superficie.

           El maletín no emitía ningún sonido bajo el agua. Parecía que el plan estaba dando resultado. Cuando dejé de hacer presión, se quedó flotando en la superficie, frío e inerte. El agua había sido mortal para él.

          Por primera vez en tres días respiré con normalidad y pude estar en silencio con mis pensamientos. A partir de entonces, cada vez que intento volver a las andadas, el miedo me paraliza. No he conseguido robar ni un triste monedero, y me estoy planteando un cambio de vida. Quizá, a fin de cuentas, el maletín no era tan malvado como yo pensaba.




domingo, 5 de julio de 2026

EL BOLÍGRAFO SENTIMENTAL

 

          El bolígrafo caminó veloz por el papel, sin detenerse, sin tomar aliento, como alma que lleva el diablo. Escribía una carta en la que un amigo pedía perdón a otro y se deslizaba por ella contento porque era todo un privilegio ser el instrumento elegido para poner paz entre los dos.

 

          Tenía que salir todo perfecto: las letras bien trazadas, la caligrafía legible y el vocabulario preciso. No admitiría ningún error y solo cuando llegara a la firma y el nombre del destinatario, podría relajarse y descansar.

 

          ¡Cómo disfrutaba con estas cartas y no con esas de denuncias, avisos o rupturas! Con ellas se ponía tan triste que su tinta se atascaba y no quedaba bien el trabajo.

 

          Sin embargo, la carta de hoy era deliciosa, lo mismo que si le hubieran dado a beber un buen vaso de tinta fresca. Su satisfacción solo se veía superada por las cartas de amor. Esas eran sus favoritas. Le gustaba tanto escribirlas que llegó a la convicción de que era él el que guiaba la mano del escritor y no al revés. Tanto se entusiasmaba que se adelantaba a sus pensamientos. Y es que no se podía esperar otra cosa de un bolígrafo tan romántico como él.






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