¡Pobre Tomás! Ya no es el mismo desde que se quedó viudo.
Profundas ojeras enmarcan su mirada apagada. Desde que se levanta hasta que se
acuesta, un solo pensamiento ocupa su mente: la ausencia de su mujer, el único
y gran amor de su vida.
Por las mañanas intenta distraerse. Sale a por el pan, se da
una vuelta por el barrio y recibe la visita de su hija, que le trae el almuerzo
en una fiambrera. Pero las tardes son una auténtica tortura. Al colocar sobre
la mesita aquel retrato de las últimas vacaciones, los recuerdos afloran hasta
hacerlo sollozar. Ha tenido que cerrar el cuarto donde ella pasaba las horas
cosiendo; todo permanece intacto, tal como ella lo dejó, no ha querido tocar
nada, pero es demasiado doloroso verlo.
A la caída de la tarde, vuelve a salir. Baja al bar y toma un
refresco mientras charla con algún vecino, pero la pena no se va. Y cuando
vuelve a casa es aún peor, pues el sentimiento de soledad se agudiza: ya no hay
nadie que le esté esperando.
Sin embargo, hoy cuando ha vuelto de su paseo, no lo ha hecho
solo. Un perrito negro, sucio y asustado caminaba a su lado. Tomás le ha
llevado a la cocina y le ha puesto algo de comer en un recipiente de plástico.
El animal ha comido con avidez y después le ha mirado agradecido. Luego se ha
quedado dormido sobre la alfombra.
Y esta noche, por primera vez en muchos meses, la casa no se
ha sentido tan triste. Tomás ha
acariciado al nuevo inquilino y se ha ido a la cama con una sonrisa. Su soledad, de pronto, se ha hecho un poco más
pequeña.
El
viejo sillón de skay de la salita

Ternura al por mayor. Ese animalillo encontró hogar y el señor Tomás un cariño de verdad. Precioso.
ResponderEliminarUn besito y me despido hasta más ver, dentro de poco. Besos y achuchones.
Muchas gracias , Campirela.
EliminarQue tengas unas felices vacaciones.
Besos
Historia corta, aunque
ResponderEliminarentrañable,
Me alegro, Orlando, que haya despertado ese sentimiento en tí.
EliminarUn abrazo
Traer un nuevo animal a casa, implica dedicarle bastante tiempo para enseñarle los protocolos y horarios de la casa.
ResponderEliminarUn perro ya viejo puede tener costumbres diferentes a las esperadas. Quizas sea mejor no dejarlo entrar a la casa pero si darle agua y alimento cerca del porton de entrada.
Llamar un amigo veterinario tambien seria recomendable para desparasitar el perro y verificar que no este herido o enfermo.
¡Por supuesto! Imaginemos que el señor Tomás hizo todas esas cosas y tomó precauciones. Yo misma tengo en casa un perro callejero y hemos encontrado la felicidad los dos.
EliminarUn abrazo J.C.
Una historia plena de esperanza para Don Tomás, un abrazo Brurata!
ResponderEliminarY para el perrito también.
ResponderEliminarUn abrazo Mariarosa