EL DÍA
DEL MUNDIAL DE FÚTBOL
─¡ Goooool!
El rugido se escuchó al unísono hasta hacer temblar los
cimientos del edificio. Se jugaba la Copa del Mundo y muy pocos eran los que no
estaban comiéndose las uñas frente al televisor.
Mariano era uno de
ellos. Y eso no hubiera tenido nada de particular si no fuera porque se pasaba
la vida viendo deportes. Desde que se jubiló, se había instalado en el sofá del
salón y de ahí no había quien lo moviera. Sobre todo cuando emitían algún partido
de fútbol importante. En esos casos, ya no se podía contar con él para nada.
Se preparaba una buena jarra de cerveza, llenaba la mesa de
aperitivos y convertía el salón en una fortaleza inexpugnable. Ni siquiera su
mujer, Vicenta, podía interrumpirle. Si el partido lo ganaban los suyos le
decía con entusiasmo:
─¡Vamos, ponte guapa que salimos!
Pero si perdía, la cosa cambiaba. Fruncía el ceño, se le
enrojecían las mejillas y todo cuanto salía de su boca eran gritos y
exigencias.
Algunas veces también invitaba a los amigos. Entonces el suelo
y la mesa quedaban llenos de restos de bebida y comida que él, desde luego, no
recogía. Era Vicenta la que iba después con el trapo y la fregona devolviendo
el orden y la limpieza a la casa.
Aquel día, sin embargo, Mariano estaba solo. No había hecho
invitaciones porque se encontraba algo resfriado y le dolía la cabeza.
Su mujer lo espiaba desde el pasillo. Estaba muy cansada de
aguantar esa situación. Desde que su marido había dejado la oficina, también
había abandonado sus responsabilidades domésticas y ella se encargaba de todo:
la compra, la limpieza, la colada, la comida, los arreglos y cualquier problema
que surgiera, mientras él veía la televisión, tranquilo y sin inmutarse, como
si fuera la cosa más natural del mundo.
Pero aquella tarde, Vicenta tomó una decisión.
Mientras su marido seguía el partido con los cinco sentidos ─y
alguno más, de haberlo tenido─, ella se maquilló y se puso su mejor vestido.
Hacía años que no se arreglaba para sí misma. Antes le gustaba bailar, pasear
por las calles del centro o sentarse en una terraza para charlar durante horas,
pero poco a poco había ido dejando de hacerlo y se había recluido en la casa.
Ahora ya estaba harta y aquella tarde pensó en salir a la calle a disfrutar de
la vida.
Cuando la emisión deportiva se acabó, Mariano que no se había
enterado de que estaba solo, voceó desde el salón:
─¡Vicenta! ¿Qué tenemos para cenar hoy?
Nadie respondió.
─¿No me oyes? ¿Qué hay de cenar?─repitió más fuerte.
Silencio absoluto.
─¿Se puede saber dónde te has metido?─ volvió a repetir de muy
malos modos.
Al no obtener respuesta fue a la cocina. No la encontró, y
además estaba todo recogido y sin restos de la cena. Fue después al dormitorio,
tampoco allí había nadie. Quizá estuviera en el cuarto de baño, pero al abrir
la puerta obtuvo el mismo resultado.
─Bueno, habrá salido a comprar algo─ murmuró
Y volvió de nuevo a su televisor, sin mayor preocupación,
salvo que las tripas empezaban a protestar de hambre. Fue de nuevo a la cocina
, y al abrir el armario para coger algo de comer descubrió que no sabía ni
dónde estaban las cosas.
Dieron las ocho y no apareció nadie. Dieron las nueve y
tampoco. Cuando ya se acercaban las diez, Mariano empezó a inquietarse.
─¿Dónde se habrá metido esta mujer? Ya no es hora de que estén
los comercios abiertos.
Se dirigió al
dormitorio a ponerse el pijama y sobre la cama se da cuenta de que están las
gafas de lectura de ella y un libro abierto. Se quedó mirándolas unos segundos,
ni siquiera sabía qué estaba leyendo Vicenta. ¿Cómo habían cambiado tanto las
cosas? Cuando eran jóvenes les gustaba salir a bailar, ir a pasear cogidos de
la mano. Escuchaban música juntos y se pasaban las horas hablando y haciendo
planes de futuro. En aquellos tiempos no se acordaba de la televisión para
nada. ¿Qué les había pasado?
Volvió al salón y esperó un poco más, sin embargo al llegar
las once comprendió que algo serio había debido ocurrir. Vicenta nunca se
retrasaba tanto.
Angustiado y con el corazón en un puño llamó a los hospitales,
a la policía, a los bomberos, a la Guardia Civil…Nadie sabía nada. Todo parecía
estar en orden. Entonces los nervios se le comieron vivo y cuando terminaron
con él, pasó a la fase de reflexión.
─ Quizá se ha marchado para siempre─ pensó─ Y reconozco que,
si lo ha hecho, tendría toda la razón. No le presto atención, no la ayudo en
nada y dejo que cargue con todo el peso de la casa. ¿Cómo no iba a cansarse?
Pero…¿qué voy a hacer yo solo? Sin ella no soy nadie. No valgo un carajo sin
Vicenta. ¡Ahora me doy cuenta! Ella es todo lo que tengo y la quiero. Daría
cualquier cosa porque entrara por esa puerta y poder decírselo.
En ese momento se oyó el llavín en la cerradura. El hombre
levantó la vista notando el corazón en las sienes. Era ella. Le pareció que
estaba más hermosa que nunca, como el día que se hicieron novios.
─Me he retrasado un poco─ dijo sin más
Mariano se levantó de un salto y la abrazó con fuerza. Vicenta
se quedó sorprendida y tardó unos segundos en reaccionar.
─¡Pensé que te había pasado algo! ─ le susurró él al oído con
la voz entrecortada.
─Pues ya ves que no.
─No, pero a mí sí me ha pasado algo esta noche.

Uau, sabes has hecho un relato que lo deberían leer todos hombres y mujeres , parejas y matrimonios, todo es cierto la dejadez da lugar a la desidia aunque el amor este ahí escondido.
ResponderEliminarEse abrazo es la reflexión que después hay que llevar a cabo.
Un besote y muy feliz domingo caluroso.😘🌞
Totalmente de acuerdo., Campirela. Muchas gracias por tu comentario.
EliminarFeliz domingo
Un ardid inteligente el de Vicenta para que Mariano viera lo que pasaba en la realidad, un abrazo Brurata!
ResponderEliminarLa mujer debió cansarse mucho de la situación y aplaudo su decisión.
EliminarUn abrazo., María Cristina.
Me parece una historia pico verosimil. Ojala no. Si habian llegado a esa situacion, le presupones a él una sensibilidad que me psrece dudosa.
ResponderEliminarEn el mejor de los casos, y de momento si piensa cambias, penssrlo pero no decirlo, y luego obrar en consecuencia. Pero bueno, al fin y sl csbo, obras son amores.
Abrazooo
A mí, en cambio, me parece una historia que se da en muchos hogares, y que al ver que está en peligro lo que queremos, nos damos verdadera cuenta de lo que vale.
EliminarUn abrazo
No ya , que este solo,
ResponderEliminarme da, que lo tiene, es
que no sabría dar un
paso palante sin ella,
abrazo.
Si, Orlando, también es eso. La necesidad que tiene de ella para hacer cualquier cosa.
EliminarGracias por tu comentario
Un abrazo
This is such a vivid and cinematic snapshot of match-day atmosphere—you can almost hear the stadium-level roar spilling into every living room. The contrast with Mariano is really well drawn too; it quietly shows how football has this strange power to freeze people in place, especially those who’ve lived their lives around it. It feels both humorous and relatable at the same time, like a small moment that says a lot about habit, passion, and routine.
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Muchas gracias por tu comentario , Sadia.
ResponderEliminarSaludos
Una historia que con seguridad se habrá repetido en muchas casas alguna vez. Ayer mismo oí una estadística, el fútbol solo gusta al 40% de la población española. Me ha parecido una buena noticia. Hay cosas que siguen alienando y que nos distraen de lo que verdaderamente vale. Vida solo hay una. Un relato precioso y que da que pensar. Bravo!!! Un abrazo, P.
ResponderEliminarEstoy segura que así es. Esta historia es más frecuente de lo que nos gustaría. Puede ser el fútbol o puede ser cualquier otra cosa lo que nos desvíe de lo que realmente es importante en la vida. Por eso creo que es necesario que reflexionemos un poco sobre ello.
ResponderEliminarMuchas gracias, Blanca, por tu comentario tan acertado
Besos
Me gusto tu relato te hacer pensar en as prioridades. Te mando un beso.
ResponderEliminarDe vez en cuando viene bien reflexionar un poco.
EliminarMuchas gracias por tu comentario J.P.
Saludos
Bueno, lo que hizo Vicenta fue un revulsivo y un escarmiento para Mariano, que se lo tenía bien merecido. Por fortuna, él recapacitó y se dio cuenta de sus faltas, que otros hombres no lo habrían hecho y encima le hubieran echado un rapapolvo a la pobre mujer.
ResponderEliminarUn abrazo.
Es posible que sí, menos mal que por lo menos a éste si le sirvió de escarmiento, je, je.
ResponderEliminarUn abrazo, Josep
Bueno el futbol en cierto modo sirvio de "catarsis" para que esta pareja se reencontrara , pero supongo conforme progrese el mundial vendran partidos mas emocionantes....
ResponderEliminar¡Por supuesto que sí! Y aquí estaremos para verlos.
ResponderEliminarUn abrazo J.C
Hola, Brurata.
ResponderEliminarMe gusta un montón tu relato. No sé que tiene el fútbol que absorbe a las personas.
Un beso.
Te invito también a pasear por mi espacio (me dicen que siguen sin saltar mis actualizaciones)
Buen día.
Muchas gracias por tu visita, Marisa.
ResponderEliminarAhora me paso por tu blog. Es cierto que hace tiempo que no veo tus actualizaciones.
besitos
Hola Brurata, eso le suele o solia pasar a muchos cuando se jubilan, menos mal que con la leccion que le dio Vicenta aprendio a valorarla, que una casa no es cosa de uno sino de los dos y cuando se comparte las cosas es mas llevadero todo.
ResponderEliminarMal ha empezado la seleccion, esperemos que no terminen asi tocalla:).
Besos.
¡Así tiene que ser! Las responsabilidades a medias. Ahora esperemos que el escarmiento de mariano sea duradero, je, je.
ResponderEliminarSi, esperemos que el próximo partido sea mejor que el pasado.
Besos
Muy bueno! No soy fan del futbol de seguirlo a diario, aunque veo el final de los mundiales. Un abrazo, Brurata.
ResponderEliminarA mí no me gusta, pero cuando hay campeonatos importantes como el de ahora, si que animo a la selección.
EliminarUn abrazo Gil
¡¡¡Hay que hombres!!!!
ResponderEliminarLos hay así, pero eso sucede cuando se hacen mayores, menos mal que el protagonista de tu historia se dio cuenta y reaccionó.
Un abrazo.
Menos mal que reaccionó, lo que no sabemos es lo que le duraría, je, je
ResponderEliminarUn abrazo María Rosa
Nunca es tarde si la dicha llega.
ResponderEliminarBuen finde.
Desde luego...y más vale tarde de nunca, je,je.
ResponderEliminarUn abrazo
Una buena lección le ha dado a su marido, y lo mejor es que él la ha aprendido.
ResponderEliminarUn saludo
Si, de momento parece que sí.
ResponderEliminarUn abrazo ,Jesús