EL LÁPIZ
GASTADO
El viejo lapicero reflexionaba sobre su vida. Sabía que le
quedaba poco y que no serían muchos más los dibujos que podría trazar. Le
aterraba gastarse por completo y desaparecer para siempre, como un relámpago
que se apaga engullido por la oscuridad de la noche. Sin embargo, comprendía
que era un destino inevitable. Todo en este mundo termina de la misma manera,
tarde o temprano.
Entonces recordó sus tiempos de juventud; cuando era fuerte
como un roble, largo y con toda una vida por delante. Le apasionaba deslizarse
por la hoja en blanco y sacar hacia afuera todos los dibujos y formas que
guardaba su interior. Con su grafito había conseguido hacer retratos, paisajes,
y hasta ilustraciones de cuentos infantiles. Por aquel tiempo, era un
instrumento imprescindible para el artista, que no hubiera podido realizar sus
obras sin él. Fue muy feliz y se sintió completamente realizado.
Pero el tiempo no perdona. Inmerso en su labor, no se daba
cuenta de que cuanto más trabajaba menos le quedaba por vivir.
Ahora se sentía viejo y cansado. Sabía que sus trazos no
lucían igual que antes. Ya no tenía la misma energía y aceptaba que el final
estaba próximo. No obstante, un rayito de luz iluminó de forma repentina sus
pensamientos: cuando de él no quedara nada, sus dibujos y toda la belleza que
había salido de su punta de grafito, seguirían aquí, despertando emociones a
todo el que los contemplara.
Entonces una sonrisa dulce asomó en el rostro del lápiz gastado al darse cuenta de que, finalmente, su vida no habría sido en vano.

Que bonito cuento y que bien nos has contado la vida del lapicero.
ResponderEliminarLo mejor es darse cuenta que todo el curso de su vida, hizo cosas muy bonitas, dibujos y escritos que perdurarán por siempre.
Un besazo, feliz sábado.
😘🌹🦋
Eso es, Campirela. Al final lo que cuenta y lo que dejamos aquí cuando nos vamos es lo que hemos hecho. Un abrazo.
Eliminar¡¡Hermoso relato...!!
ResponderEliminarUna analogía de lo que es la vida del ser humano, trabajamos, nos gastamos y cuando el final se acerca; lo presentimos.
mariarosa
Nuestra vida y la de el lápiz son similares. Al final quedará lo que hayamos hecho, bueno o malo.
EliminarUn abrazo
Un cuento precioso, de los que producen a la vez ternura, tristeza y una sonrisa. Me ha encantado.
ResponderEliminarUn abrazo.
Me alegro que te guste, Josep. Gracias por tu visita
ResponderEliminarUn abrazo
Nunca la vida es en vano y ese lápiz cumplió su misión.
ResponderEliminarBienvenida a mi casa Brurata, es un placer recibirte.
Besicos muchos.
Coincido contigo, en la vida todos tenemos una misión. Muchas gracias por tu visita.
ResponderEliminarUn abrazo
Hola Brurata, he leído tu incipiente blog desde que llegaste a mi espacio.
ResponderEliminarTus historia tienen un poso de realidad que bien se puede trasferir al vivir de cada día.
Un abrazo.
Así es, Ángela, esos objetos podríamos ser nosotros mismos.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu visita.
Un abrazo
¡Qué historia tan linda! Mis lápices están también contentos de llenar tantas páginas de apuntes, pensamientos e historias profundas de sentimientos. Un abrazo dibujado y escrito.
ResponderEliminarUn beso grande, Blanca
ResponderEliminarMe ha gustado la reflexión de la vida a través del lápiz. A todos nos llegará ese final y yo espero que cuando me llegue una sonrisa dulce me asome.
ResponderEliminarMuy, muy bueno este relato/reflexión.
Un saludo
Jesús
Tienes razón, Jesús, a todos nos llegará la hora a si que más vale que lo hagamos con una sonrisa.
EliminarUna brazo
Por sus obras los conoceréis
ResponderEliminarUn abrazo.
Claro que si, somos lo que dejamos.
ResponderEliminarGracias por venir, Macondo
La historia del lapicero es encantadora, Brurata. Es increíble como esa simple analogía nos haga reflexionar. Tremendo! Un abrazo
ResponderEliminarMuchas gracias, Gil. Un placer recibirte.
EliminarAbrazos
Me encanta tu cuento, Brurata.
ResponderEliminarBonita metáfora de la vida.
Empiezo a seguirte.
Un beso con achuchón.
Muchas gracias, Marisa. Yo también te sigo.
EliminarUn beso
Gracias Brurata por este cuento que me ha sacado una sonrisa y al mismo tiempo he sentido tristeza.
ResponderEliminarMe gustan mucho las metáforas y esta de la vida es preciosa, tienes mi aplauso.
Lo que realmente cuenta es el legado que dejamos.
Y sí, somos lo que hacemos y damos.
Encantada de tu visita y por haberte visitado.
Un abrazo